El chico de la última fila, la más reciente serie surcoreana en Netflix, es inquietante por varias razones. Por un lado, la de explorar la rivalidad intelectual, desde un punto de vista aterrador, inquietante y siniestro que sorprende capítulo a capítulo. Al otro extremo, la idea inquietante de que la violencia y el miedo pueden encontrarse en cualquier lugar. Incluso, en lo raro, enfrentamiento entre un profesor envidioso y un alumno aventajado. Una premisa inquietante que la serie muestra desde sus lados más perversos y hasta depravados.
Basada en la aclamada obra teatral homónima del dramaturgo español Juan Mayorga, la producción se sumerge por completo en los terrenos del suspenso psicológico y el drama. Todo, a través de los procesos creativos, la envidia, la codicia y la crueldad que despierta un enfrentamiento intelectual poco común. Para eso, la trama sigue la monótona y frustrada existencia de Heo Mun-oh, interpretado de forma magistral por la leyenda cinematográfica Choi Min-sik. Este, un escritor que, tras sufrir duras críticas literarias en su juventud, nunca más pudo volver a publicar. Por lo que ahora ejerce desgano como profesor de literatura en una institución de alto prestigio.
Pero su apatía profesional cambia radicalmente cuando corrige los trabajos de redacción de sus alumnos y hace un descubrimiento que cambiará su vida. El talento verdaderamente perturbador e inusual del silencioso estudiante Lee Kang (Choi Hyun-wook). Un enigmático chico elige sentarse siempre en la última fila del aula para observar minuciosamente todo su entorno sin ser detectado. Fascinado por la frescura, el estilo directo y la madurez técnica de las descripciones del joven, el veterano profesor se obsesiona. Por lo que decide convertirse formalmente en su tutor personal, ofreciéndole clases privadas semanales. No obstante, más allá de la buena voluntad, hay un secreto tétrico que guardar.
El miedo y la violencia que oculta ‘El chico de la última fila’
Pero esta decisión pedagógica, aparentemente inocente, desencadena un caos incontrolable. Eso, cuando Heo Mun-oh comience a sentir que la capacidad del joven es todo lo que necesita para reverdecer sus triunfos. Por lo que, progresivamente, comienzan a desdibujarse de forma peligrosa los límites de la ética, la privacidad y la realidad misma. Eso, a través de una intrusión emocional profunda que comenzará a devorarlos tanto en el sentido académico como en el personal.
En especial, cuando la simbiosis entre alumno y profesor se convierta en una guerra silenciosa e incómoda que El chico de la última fila indaga con habilidad. Por un lado, Heo Mun-oh comenzará a estar convencido de que las habilidades literarias de su pupilo son inmerecidas y mal utilizadas. Al mismo tiempo, Lee Kang, que no es tan inofensivo o inocente como parece, empujará a la vieja gloria a un laberinto de avaricia y retorcido deseo de posesión. De modo que la escritura se transforma en un terreno peligroso, adentrándose en dinámicas complejas de manipulación psicológica entre mentor y discípulo.
Una obsesión aterradora que se hace cada vez peor
Gradualmente, la obsesión del profesor Heo Mun-oh por Lee Kang se vuelve una batalla ciega. En específico, cuando el joven presenta un relato inquietante y siniestro por entregas que parece sugerir una naturaleza macabra. Eso, debido a que detalla con lujo de detalles cómo logró entablar una amistad con un compañero de clase con el único propósito de infiltrarse en su hogar. Lo que le permitió espiar la cotidianidad y la intimidad de una familia burguesa que resulta radicalmente opuesta a su solitaria realidad personal. Pero además, comenzar a planear una oscura forma de venganza personal que resulta cada vez más fascinante.
Cada nuevo texto entregado al maestro termina con un inquietante gancho que aviva los deseos creativos frustrados del académico. Algo que provoca que este pierda paulatinamente el control sobre sus juicios morales al incitar al alumno a continuar su invasión emocional. Mucho más, que se vuelva cada vez más violenta, con tal de leer el siguiente capítulo de la historia. De este modo, la serie plantea un juego intelectual perverso en que los protagonistas se ven atrapados en una constante incertidumbre. Particularmente, cuando El chico de la última fila no llega a revelar qué elementos del relato forman parte de una crónica real y cuáles son simples invenciones manipuladoras.
Una combinación, que llevará a El chico de la última fila, a sus dimensiones más oscuras y depravadas. De la exploración de la mente del maquiavélico estudiante, hasta la cuestión del poder del lenguaje para moldear la percepción de las relaciones humanas. Lo cierto es que la serie logra construir una historia aterradora que se hace cada vez más sofocante, claustrofóbica y compleja. También, una joya para los amantes del suspenso y el terror que puedes ver a partir del 26 de junio en Netflix.
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